La frase "no evidence" es una señal de alarma de mala comunicación científica (2021)

La frase “no evidence” está siendo criticada como un atajo confuso y a menudo engañoso en la comunicación científica y de políticas, especialmente en contextos como las directrices sobre COVID, las mascarillas, los riesgos de las vacunas y la transmisión. Los comentaristas sostienen que difumina distinciones cruciales entre “no se ha estudiado”, “hay datos débiles o mixtos” y “está fuertemente refutado”, y que puede ser fácilmente instrumentalizada con fines políticos o de relaciones públicas. Los debates relacionados tratan sobre qué cuenta como evidencia en ciencia frente a derecho, cómo el razonamiento bayesiano y los metaanálisis deberían dar forma a las afirmaciones de certeza, y si los expertos deberían decir explícitamente qué se sabe, qué no se sabe y cuánto se ha buscado realmente.

Significado y mal uso de “no evidence”

  • Muchos sostienen que “no evidence” casi nunca es literalmente cierto; por lo general hay evidencia débil, anecdótica o contradictoria.
  • Otros dicen que es un término de arte que significa ya sea “aún no hay evidencia convincente/rigorosa” o “hemos buscado y no hemos logrado encontrar un efecto significativo”.
  • Problema: la misma frase se usa tanto cuando algo no se ha estudiado como cuando está bien estudiado y probablemente es falso, lo que confunde al público.
  • Algunos ven “no evidence” como una herramienta política o de relaciones públicas para cerrar ideas incómodas, no como una afirmación científica neutral.

¿Qué cuenta como evidencia?

  • Hay desacuerdo sobre si el testimonio (“Crazy Carl vio alienígenas”) es evidencia:
    • Visión bayesiana/epistémica: cualquier información que cambie probabilidades es evidencia, aunque sea débil.
    • Visiones científicas/jurídicas más estrictas: la evidencia debe ser verificable, reproducible o al menos corroborada.
  • Los estándares legales y científicos difieren mucho; los tribunales a menudo tratan el testimonio como evidencia principal, mientras que los científicos lo descuentan en gran medida.
  • Algunos enfatizan que la calidad y el contexto de la evidencia (priors, plausibilidad) importan más que el binario “evidencia/sin evidencia”.

Problemas estadísticos y de terminología

  • Uso frecuente y erróneo de “estadísticamente significativo” y “significativo” en los medios; los lectores no expertos oyen “importante” o “gran efecto”.
  • Formas correctas pero fáciles de malinterpretar como “no significant evidence of a difference” suelen simplificarse en titulares engañosos.
  • Los metaanálisis y los resultados de estudios contradictorios en medicina frustran a algunos, que esperan estudios únicos y definitivos.

COVID, mascarillas y vacunas

  • La comunicación durante COVID con “no evidence masks work”, “no evidence it’s airborne” o “no evidence for ivermectin” se debate intensamente.
  • Algunos defienden estas frases como instantáneas precisas de la mejor evidencia disponible en ese momento.
  • Otros argumentan que las autoridades minimizaron señales tempranas (transmisión aérea, riesgo de miocarditis) o ignoraron conocimientos previos (uso de mascarillas quirúrgicas, experiencia con SARS).
  • Hilo acalorado sobre la eficacia de las mascarillas:
    • Un lado cita RCTs y revisiones al estilo Cochrane como muestra de un efecto pequeño o modesto a nivel poblacional.
    • El otro lado señala estudios y comentarios de expertos que sugieren beneficios pequeños pero significativos, especialmente cuando se aplican a gran escala y se usan correctamente.
    • Hay desacuerdo sobre la calidad de los datos, la selección sesgada y la mala interpretación de revisiones importantes.

Política, confianza y comunicación científica

  • Muchos comentarios subrayan que los altos cargos sanitarios a menudo hablan más como responsables de políticas que como científicos.
  • “Based on evidence”, “no evidence” y frases similares se ven como marcadores retóricos que pueden señalar sesgo, tribalismo o comunicación orientada por una agenda.
  • Algunos argumentan que negarse a decir “aún no lo sabemos” erosiona la confianza; otros creen que el público exige una certeza simplificada.
  • Preocupación más amplia de que el mal pensamiento crítico, los medios polarizados y las actitudes de “posverdad” hacen difícil cualquier comunicación científica matizada.