La muerte de la vergüenza nos está separando

La vergüenza se presenta como una fuerza menguante en la vida pública, y muchos argumentan que las normas sociales ya no frenan el comportamiento en la política, los negocios o los entornos cotidianos, desde equipos de la NBA que hacen “tankeo” hasta personas que ponen videos a todo volumen en el transporte público. Los comentaristas distinguen entre la vergüenza interna (un mecanismo útil de autorregulación) y el avergonzamiento externo (a menudo convertido en arma para el control o el acoso), y señalan que las consecuencias, no los sentimientos por sí solos, acaban moldeando el comportamiento. Otros destacan cómo la desigualdad, el multiculturalismo y la “cancel culture” en línea han fragmentado las normas compartidas, haciendo más difícil acordar qué debería dar vergüenza en absoluto.

¿Está realmente “muerta” la vergüenza?

  • Muchos sostienen que la vergüenza y el avergonzamiento siguen siendo omnipresentes, especialmente en torno a la política, las etiquetas de identidad (“-fóbico”) y las embestidas colectivas en línea.
  • Otros sostienen que lo que está desapareciendo son ciertos tipos de vergüenza (por ejemplo, sobre las buenas maneras o el deber cívico), mientras que la ansiedad y el juicio social siguen siendo intensos.
  • Varios ven a las generaciones más jóvenes como muy ansiosas y autoconscientes, pero debaten si eso es “vergüenza” o algo distinto.

Vergüenza vs. avergonzamiento, culpa y crecimiento

  • Varios comentarios distinguen entre:
    • Vergüenza (regulación interna; “hice algo mal, debo mejorar”)
    • Avergonzamiento (agresión externa; a menudo convertida en arma)
    • Culpa como una focalización potencialmente más saludable.
  • La vergüenza no tóxica se presenta como clave para madurar y evaluar el comportamiento pasado; la vergüenza tóxica implica “no valgo nada”.
  • Algunos consideran que la reacción excesiva contra la vergüenza en general socava la cooperación social e invita, en cambio, a un mayor control coercitivo por parte del Estado.

Cultura, modales y comportamiento público

  • El uso del altavoz o de TikTok en el transporte público es un ejemplo recurrente: algunos lo ven como prueba de que la vergüenza ha muerto; otros, como conducta adolescente o norma específica de cada cultura.
  • Comparaciones: trenes japoneses silenciosos frente a espacios públicos latinoamericanos ruidosos; cubrirse el cabello, comer caminando, comer con las manos.
  • El debate se centra en las “externalidades negativas”: ¿es algo meramente una tradición o impone objetivamente una carga a los demás?

Poder, desigualdad y los límites de la vergüenza

  • Varios argumentan que la vergüenza solo funciona entre iguales relativos; la desigualdad extrema permite a las élites ignorar las consecuencias.
  • Otros señalan que la vergüenza también está profundamente incrustada en culturas jerárquicas del “honor”.
  • Preocupa que, para actores poderosos (multimillonarios, corporaciones, políticos, medios), la vergüenza ya no contenga el comportamiento; solo las sanciones formales o los incentivos importan.

Cancel culture, abuso y “vice signaling”

  • Algunos dicen que la vergüenza en línea, tan extendida, llevó a la gente a “anestesiarse” y dejar de preocuparse, erosionando la eficacia de la vergüenza.
  • Se menciona el “vice/sin signaling”: exhibir conductas transgresoras como muestra de estatus o prueba de poder (“me puedo salir con la mía”).
  • El multiculturalismo se sugiere como otro factor: con tantas normas en conflicto, es más difícil saber qué conductas pueden avergonzarse legítimamente.

Tankeo en la NBA y diseño de incentivos

  • Varios ven el ejemplo del “tankeo” en la NBA como un problema de incentivos desalineados, no de decadencia moral.
  • Entre las sugerencias figuran ascensos y descensos, y sistemas en los que ganar siempre sea estratégicamente óptimo.
  • Algunos señalan que, en todos los ámbitos, los actores racionales siguen los incentivos; confiar solo en la vergüenza para corregir eso se considera ingenuo o ineficaz.